martes, 31 de marzo de 2026

 

Entre trolls y vecinos

El periodista frente a la audiencia digital

Periodismo a Contraluz – Temporada 2: El periodismo en la intemperie

Por José Rafael Moya Saavedra

Durante buena parte del siglo XX, la relación entre periodistas y audiencia estaba mediada por una cierta distancia. Los lectores recibían el periódico por la mañana, los radioescuchas seguían los noticieros desde sus casas, los televidentes observaban las noticias en horarios definidos. La comunicación era, en gran medida, unidireccional: el periodista informaba, el público escuchaba.​

Si alguien quería responder a una noticia, tenía que escribir una carta al director o llamar a la estación de radio. La reacción podía tardar días en aparecer y, en muchos casos, nunca llegaba a publicarse. El ecosistema digital transformó radicalmente esa relación. Hoy, cada nota publicada en internet puede generar una conversación casi inmediata. Lectores que comentan, cuestionan o aportan información adicional; usuarios que comparten la noticia con su propia interpretación; comunidades que discuten públicamente el trabajo periodístico.​

La distancia entre periodista y audiencia se ha reducido de manera drástica. Las redes sociales convirtieron a los lectores en interlocutores permanentes. Esa transformación tiene efectos positivos importantes. La audiencia puede detectar errores rápidamente, los ciudadanos pueden aportar datos que enriquecen una investigación, las comunidades locales pueden señalar problemas que no habían sido visibles para la redacción. En muchos casos, la conversación digital permite ampliar el alcance del periodismo.​

Imaginemos a una reportera local que publica una nota sobre inseguridad en su colonia. En cuestión de minutos recibe mensajes de vecinos que confirman hechos, corrigen detalles o envían fotografías de otros incidentes recientes. Entre esos comentarios también aparecen insultos, acusaciones de "exagerar" la situación, cuentas anónimas que la señalan como "enemiga" de cierta autoridad. La misma nota que abre un diálogo comunitario puede activar también un frente de hostilidad digital.

Porque el nuevo ecosistema también introdujo una dimensión más conflictiva. No todas las voces que participan en la conversación digital buscan dialogar. Las redes sociales se han convertido en espacios donde aparecen insultos, campañas de hostigamiento, desinformación organizada y ataques coordinados contra periodistas. En ese entorno surge una figura cada vez más visible: el troll digital.​

El troll no busca debatir ni aportar información: busca provocar, desestabilizar la conversación o desgastar emocionalmente a quien informa. A veces actúa de forma individual. En otras ocasiones forma parte de campañas organizadas que intentan desacreditar periodistas o medios de comunicación. Para muchos reporteros, publicar una nota ya no significa únicamente enfrentar el debate público sobre los hechos; también implica prepararse para una ola de reacciones que pueden incluir descalificaciones personales, amenazas o ataques coordinados en redes. Esa presión digital puede convertirse en una nueva forma de desgaste profesional.​

Sin embargo, reducir la audiencia digital únicamente al fenómeno del troll sería un error. Entre las voces más estridentes también aparecen otras muy distintas: vecinos que comentan lo que ocurre en su colonia, lectores que corrigen un dato menor en una nota, ciudadanos que envían fotografías, testimonios o pistas que pueden convertirse en nuevas historias. La audiencia digital no es un bloque homogéneo. Es un espacio donde conviven la conversación pública, el conflicto político, la crítica legítima, la desinformación y, en ocasiones, la colaboración ciudadana.​

Para el periodista contemporáneo, ese escenario plantea un desafío complejo. Ya no basta con investigar y publicar una historia. También es necesario aprender a navegar el debate que surge después de la publicación: saber distinguir entre crítica legítima y ataque organizado, entre un lector inconforme y una campaña de hostigamiento, entre el ruido digital y la información valiosa que puede surgir en medio de la conversación.​

El periodista ya no trabaja únicamente frente a una audiencia distante. Trabaja dentro de una conversación permanente. A veces esa conversación es enriquecedora; otras veces puede volverse agresiva o caótica. Pero ignorarla tampoco es una opción, porque en ese espacio —entre trolls y vecinos— se está construyendo una parte importante del debate público contemporáneo. Y el periodismo, como siempre, sigue estando en medio de esa conversación.​

Una conversación que ya no se puede apagar.

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