miércoles, 15 de abril de 2026

 


Propaganda en la era digital

Viejas técnicas, nuevos canales

Por Jose Rafael Moya Saavedra

Una tarde cualquiera, un creador de contenido enciende la cámara de su teléfono. No se presenta como analista político ni como vocero de ningún partido: solo como alguien que "dice lo que muchos piensan y nadie se atreve a decir". Entre chistes, recomendaciones de series y anécdotas personales, desliza un mensaje muy claro sobre un candidato, una protesta o una reforma. El video se comparte miles de veces. Para la mayoría de quienes lo ven, es solo "la opinión de un influencer"; para la campaña que lo financia, es propaganda perfectamente segmentada.​

La propaganda durante la Guerra Fría no es un fenómeno nuevo. Mucho antes de las redes sociales, los gobiernos, los partidos políticos y distintos grupos de poder ya utilizaban estrategias para influir en la opinión pública. Carteles, discursos, campañas de radio, cine noticioso y televisión formaron parte de ese repertorio durante gran parte del siglo XX. El objetivo era claro: orientar la percepción colectiva sobre determinados acontecimientos.​

Hoy esas técnicas no han desaparecido; simplemente han cambiado de entorno. Las plataformas digitales han abierto un nuevo escenario donde la propaganda circula con una velocidad y una precisión que antes eran difíciles de imaginar.​

De los grandes mensajes a los mensajes personalizados

Durante décadas, la propaganda política operaba principalmente con mensajes dirigidos a audiencias amplias. Un mismo anuncio buscaba convencer a millones de personas al mismo tiempo.​

El ecosistema digital ha transformado esa lógica. Hoy es posible diseñar mensajes dirigidos a segmentos específicos de la población. Plataformas y herramientas de marketing permiten identificar intereses, comportamientos, ubicaciones geográficas y patrones de consumo informativo. A partir de esos datos, las campañas pueden adaptar su discurso.​

Un mismo candidato puede aparecer ante distintos públicos con mensajes distintos. La propaganda deja de ser uniforme y se vuelve personalizada.​

Influencers políticos

Otro cambio importante en la propaganda contemporánea es la aparición de nuevos intermediarios. Durante mucho tiempo, los mensajes políticos dependían de los medios tradicionales para amplificarse. Hoy los creadores de contenido ocupan un lugar central en la circulación de narrativas.​

Algunos lo hacen de manera transparente, expresando abiertamente sus posiciones políticas. Otros participan en campañas más difusas, donde la línea entre opinión personal, publicidad y propaganda puede volverse menos clara. Un video breve, una historia en redes sociales o una transmisión en vivo pueden convertirse en vehículos eficaces para difundir mensajes políticos a audiencias que ya no consumen información a través de los medios tradicionales. En muchos casos, esas audiencias confían más en estas voces cercanas que en cualquier noticiero.​

Bots y amplificación artificial

La propaganda digital también se apoya en herramientas automatizadas. Las redes de bots pueden amplificar ciertos contenidos, generar tendencias artificiales o dar la impresión de que una narrativa cuenta con un respaldo social mayor del que realmente tiene.​

Este tipo de estrategias no siempre pretende convencer directamente al público. A veces busca algo más simple: alterar la percepción del debate público. Cuando un mensaje aparece repetido miles de veces, puede parecer más influyente o más extendido de lo que en realidad es. La repetición crea una sensación de presencia constante y puede servir también para presionar, hostigar o desacreditar a periodistas y medios críticos.​

El híbrido entre política y marketing

La propaganda contemporánea adopta muchas técnicas del marketing digital. Campañas políticas utilizan herramientas propias de la publicidad comercial:​

  • análisis de datos
  • Segmentación de audiencias
  • pruebas de mensajes
  • Monitoreo en tiempo real de reacciones

El objetivo no es solo difundir una idea, sino optimizar su circulación. Los mensajes se prueban, se ajustan y se rediseñan continuamente según el comportamiento de las audiencias. En ese proceso, la frontera entre comunicación política, marketing y propaganda se vuelve cada vez más difusa.​

La disputa por la credibilidad

En este nuevo entorno, el desafío para el periodismo no consiste únicamente en detectar información falsa. También implica identificar cuándo una narrativa aparentemente espontánea forma parte de una estrategia de comunicación diseñada para influir en la conversación pública.​

La propaganda digital rara vez se presenta como propaganda. Suele aparecer mezclada con entretenimiento, opinión o contenido informativo. Por eso, distinguir entre información, publicidad y propaganda se vuelve una tarea cada vez más compleja.​

Un ecosistema híbrido

El resultado de todos estos cambios es un ecosistema informativo híbrido. En él conviven:​

  • Periodismo profesional
  • Comunicación Institucional
  • Propaganda política
  • contenido generado por usuarios
  • campañas de desinformación
  • Marketing digital

Para el público, estas fronteras no siempre son evidentes. Los mensajes circulan mezclados en el mismo flujo de pantallas y, en ese flujo, cada actor intenta influir en la forma en que los acontecimientos son percibidos y discutidos.​

El desafío para la conversación pública

La propaganda siempre ha formado parte de la vida política. Pero en un entorno ordenado por algoritmos y regido por la economía de la atención, su capacidad de segmentación, amplificación y adaptación se ha multiplicado. Eso obliga a replantear una pregunta fundamental:​

¿Cómo sostener una conversación pública basada en hechos verificables cuando distintos actores utilizan herramientas cada vez más sofisticadas para influir en la percepción colectiva?

El periodismo no puede eliminar la propaganda. Pero sí puede cumplir una función esencial: explicar cómo funciona. Porque comprender las estrategias que intentan influir en la opinión pública es una condición necesaria para poder ejercer una ciudadanía informada.​

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