lunes, 4 de mayo de 2026

 

Mundial 2026: reportear entre balones, balas e ICE

Periodismo a Contraluz

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El Mundial siempre ha sido una fiesta para la audiencia, Para quienes lo cuentan, nunca lo ha sido del todo. En 2026, esa distancia se vuelve más evidente: periodistas, fotógrafos y locutores trabajarán en un torneo partido en dos mundos de riesgo —la violencia estructural mexicana y el dispositivo migratorio y de vigilancia estadounidense— con una FIFA que promete garantías que todavía no se ven claras.

1.       Son las voces visibles… pero no necesariamente las más libres.

La primera capa es la que todos vemos.

Los grandes consorcios ya se repartieron el tablero: narradores-estrella, exfutbolistas reciclados en analistas, comediantes en sets gigantes, coberturas "multiplataforma" desde foros climatizados lejos del ruido de la calle. Buena parte de esa maquinaria ni siquiera viajará a todas las sedes: narrarán desde cabinas en Ciudad de México, Miami o Madrid, con enlaces puntuales a reporteros a pie de cancha.

Para ellos, el Mundial será más bien un show de exceso:

  • agendas marcadas por marcas y patrocinadores,
  • entrevistas filtradas por departamentos de prensa,
  • "colores" cuidadosamente escogidos para encajar en un guion de entretenimiento.

El riesgo que enfrentan es otro: el de convertirse en decorado. Entre derechos exclusivos, acuerdos comerciales y manuales de estilo, el margen para incomodar con preguntas incómodas —sobre seguridad, corrupción o migración— se reduce. Son las voces visibles, pero no necesariamente las más libres.

2. Los riesgos que no salen al aire

Más abajo están quienes hacen el trabajo que casi nunca aparece en la transmisión: reporteros que salen del perímetro FIFA, fotógrafos que buscan la foto fuera del estadio, equipos pequeños de medios locales o independientes que tienen que moverse sin choferes, sin seguridad privada y sin blindaje institucional.

Ahí el Mundial se mezcla con otra lista de riesgos:

  • Violencia común: robos, agresiones, balaceras en zonas donde la vida cotidiana no se detiene porque haya partido.
  • Hostilidad de autoridades: policías y funcionarios que ven a la prensa como estorbo o amenaza, no como aliada.
  • Crimen organizado: en México, la cobertura que se salga del guion deportivo puede rozar temas sensibles (territorios, extorsiones, control de bares y giros rojos) poco compatibles con la lógica de "fiesta".
  • Control institucional: en Estados Unidos, el riesgo no es tanto un ataque directo, sino la suma de restricciones de acceso, revisiones de antecedentes, controles migratorios y vigilancia en aeropuertos, hoteles y espacios públicos.

El Mundial, así visto, no suspende las condiciones de trabajo; Las Condensa.

3. México: cubrir el Mundial en el país más letal para la prensa

Para el periodismo mexicano, el torneo llega con una contradicción brutal: México es país sede y, al mismo tiempo, uno de los países más letales del mundo para ejercer el oficio, por la convergencia de crimen organizado y autoridades coludidas o indiferentes.

¿Qué implica eso en la práctica?

  • Reporteros locales en zonas calientes: Guadalajara, Monterrey y la zona metropolitana de la Ciudad de México no son burbujas; arrastran homicidios, desapariciones, control de plazas y economías ilegales. El fotógrafo que quiera mostrar el "afuera del estadio" entra en un terreno donde los equilibrios de poder son frágiles.
  • Presión política: gobernadores y alcaldes que venden la imagen de sedes "listas y seguras" no verán con buenos ojos notas que enlacen Mundial con fosas, bolsas con restos humanos o extorsión a comerciantes. La tentación de deslegitimar, negar o presionar a medios críticos será grande.

El riesgo no siempre será la amenaza directa… sino la presión para no mirar donde incomoda.

  • Autocensura acumulada: redacciones que llevan años aprendiendo a esquivar ciertos temas quizá prefieran no tocar la parte incómoda del torneo. La cobertura se vuelve más fútbol y menos contexto; más espectáculo y menos país.

A esto se suma el Plan Kukulkán, que desplaza a miles de elementos de seguridad a proteger estadios, hoteles y corredores turísticos. ¿Es una buena noticia para la prensa? Depende. Puede disuadir delitos comunes, pero también reforzar la sensación de vigilancia sobre cámaras y micrófonos. Y, sobre todo, no cambia el hecho de que el periodismo de investigación sigue operando en un país donde preguntar demasiado en el lugar equivocado puede costar caro, con Mundial o sin él.

4. Estados Unidos: visas, ICE y acceso controlado

Del lado estadounidense, los riesgos son de otra naturaleza.

El primer filtro es burocrático. No todos los medios podrán costear ni obtener las acreditaciones y las visas necesarias. Grandes cadenas tendrán paquetes cerrados; equipos de medios pequeños o independientes latinoamericanos enfrentarán más trabas de papeleo, de presupuesto y de acceso. El Mundial es global, pero el acceso a cubrirlo no.

El segundo filtro es migratorio. Para periodistas con ciudadanía o residencia, el tema puede parecer lejano. Para colaboradores sin papeles, freelancers latinos, equipos mixtos o comunicadores comunitarios, la presencia de ICE y el clima político importan:

  • miedo a moverse por aeropuertos y carreteras donde la policía migratoria opera con regularidad;
  • temor a que un error en la ruta o un retén mal calculado derive en revisión de documentos;
  • presión sobre medios pequeños para no mandar a cubrir ciertas sedes a quienes están más expuestos.

El tercero es el control institucional. En Estados Unidos, el perímetro FIFA convivirá con el perímetro de seguridad federal: revisiones, listas de acceso, áreas restringidas. La protesta, la vida de las comunidades migrantes, las manifestaciones de organizaciones de derechos humanos pueden quedar fuera de las cámaras oficiales. Quien quiera contar esa parte tendrá que moverse en tierra de nadie: ni dentro del espacio protegido del estadio ni totalmente fuera del radar de las agencias.

El control no solo limita… también define qué existe mediáticamente.

No es casual que organizaciones internacionales hayan pedido a la FIFA que garantice no solo la seguridad de aficionados, sino también la de "trabajadores y periodistas" durante el torneo, y que reclamen reglas claras frente al papel de ICE y otras agencias. El riesgo no es solo físico: es que el control institucional petrifique todo lo que se ve y se dice.

5. Qué le exige esto al periodismo

En este escenario, cubrir el Mundial no será solo narrar goles. Exigirá al periodismo —y especialmente al periodismo latinoamericano— varias cosas a la vez:

  • Hacer doble foco: aceptar que hay dos historias paralelas —la deportiva y la política— y decidir conscientemente cuándo y cómo entrelazarlas. No se trata de arruinar el partido, sino de no fingir que fuera del estadio no pasa nada.
  • Cuidar a las personas del equipo: protocolos de seguridad para reportear en México; reglas claras sobre quién viaja a qué sedes en Estados Unidos; preparación sobre derechos y riesgos migratorios; contacto permanente con redacciones y colegas.
  • Tejer redes: colaborar entre medios grandes y pequeños, locales e internacionales, para que las historias incómodas no dependan de una sola reportera aislada. Compartir información, coberturas y, cuando haga falta, focos de atención pública.
  • Defender espacios editoriales: negociar con redacciones, productoras y directivos para que haya lugar a piezas que hablen de seguridad, migración, trabajo y desigualdad, no solo de alineaciones y memes. El Mundial puede ser un imán de audiencia también para esas historias.
  • Documentar el dispositivo: no limitarse a trabajar "dentro" de la seguridad, sino contarla: cómo se aplica, a quién protégé, a quién vigila, qué efectos tiene sobre comerciantes, vecinos, migrantes, hinchas, trabajadores y periodistas.

Al final, "reportear entre balones, balas e ICE" no es un eslogan dramático, sino la descripción de una experiencia concreta: la de cubrir un torneo que, más que nunca, habla de la forma en que dos países entienden la seguridad y de la manera en que esa seguridad se despliega sobre cuerpos, voces y cámaras.

Para el periodismo, el reto será no dejarse arrastrar del todo por la lógica del espectáculo ni paralizarse por el miedo.

Estar ahí.

Contar el partido.

Y, sobre todo, no dejar fuera del encuadre aquello que el espectáculo necesita ocultar.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  Mundial 2026: reportear entre balones, balas e ICE Periodismo a Contraluz Por Jose Rafael Moya Saavedra El Mundial siempre ha sido una fie...